Cuando estoy borracha le escribo a mis amigas. Es un autorreflejo. Y sí, yo soy la de las notas de voz explicando su vida en dos minutos. Hablo muy deprisa así que no hay demasiado problema, en un corto espacio de tiempo te he contado al menos cinco cosas de temas diferentes. Cuando estoy borracha le escribo a mis amigas porque sé que me responderán con muchos corazones y con mucho amor, y escribirle a los hombres cuando se está borracha solo trae vergüenza al día siguiente. Yo prefiero gente con la que no tenga que disculparme. Yo soy esa amiga que, aunque si me lo preguntaras ahora sería incapaz de responderte, sé cosas de mis cercanas muy pequeñas y concretas. Soy esa amiga que te pide dinero (cuando se atreve a pedirlo) para un café, pero siempre te lo devuelve con una birra. Soy esa amiga que siempre va en botas de montaña y jersey, aunque estemos a casi 30°. Soy esa amiga que si no estudia para un examen una semana antes, pues suspende. Soy esa amiga que si está ...
Y con todos los días que llevo contados me desvanezco en el recuerdo de unos años llenos de ellxs. Años calados en huesos de piedra que poco a poco han ido tornando en flores de lirio. Y pienso, mientras os miro, que no podría haber mejor destino, mejor final, mejor comienzo.
Mi madre perdió a su hermano pequeño, Micky, por culpa de las drogas. Por lo poco que he oído de él, era un punki alemán que se paseaba por las calles de Köln en patinete, llevaba crestas de colores, vestía con leotardos estampados y siempre sabia qué decir para hacerte reír. Mi madre, cuando hablamos de él y me explica cómo murió, siempre dice lo mismo: subió al tejado de su apartamento y resbaló. Y yo siempre he creído que subió al tejado de su apartamento para tirarse, o que, engañado por lo que se había pinchado, creía que podía volar. A raíz de esta perdida se creó en mi familia un gran tabú alrededor del alcohol, las drogas y la noche; la noche en la ciudad, la noche en el pueblo, la noche, a secas. Cuando descubrí la noche de la que me habían privado con una sutileza casi premiable, me enamoré de bailar, de beber, de perder la vergüenza, de la ciudad, de la noche. Y también me encapriché de todo lo que podía hacerme daño, de los cuerpos ajenos y de la ...
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